¿Sabías que el Cabildo que vemos hoy no es el mismo que en 1810?
Siempre es interesante volver sobre la historia de un lugar y encontrar, desde una mirada distinta y renovadora, cuánto nos enseña el paso del tiempo. El edificio que vemos actualmente fue reconstruido en 1940 en el mismo lugar en el que se asentó el cabildo del siglo XVIII.
¿Entonces, cómo era el cabildo de 1810?
Las primeras referencias del Cabildo provienen de 1608. Era poco más que un rancho; paredes de adobe, techo de paja. El interior se encontraba dividido en dos: un salón para reuniones para «los cabildantes» y otro que funcionaba como cárcel.
En el año 1725 empieza la construcción de un nuevo edificio, bajo los planos del Padre Jesuita Andrés Bianqui. El Cabildo termina de construirse en 1752.
Este edificio tenía 11 arcos con su respectiva galería, una torre alta y un reloj español.
Para mediados de 1861 el reloj español fue cambiado por uno inglés.
En 1879, se designó a Pedro Benoit para reformar y modernizar el Cabildo: elevó la torre diez metros y colocó una cúpula azulejada con aires nórdicos, el techo perdió sus tradicionales tejas y los balcones fueron vestidos con balaustradas, la arcada principal enmarcada por columnatas y toda la fachada recibió un tratamiento italianizante.
En 1891, la construcción de la Avenida de Mayo, terminó acabado con tres arcos de un ala y lo mismo hubo que hacer con la torre para que no peligrara su estabilidad. Se sacó el reloj inglés y se lo colocó en una de las torres de la Iglesia de San Ignacio.
Tal era el estado en el que quedó que algunos vecinos pidieron su demolición total.
En 1933 llegó el decreto que lo salvó, se lo declaró Monumento Histórico Nacional y fue reconstruido entre 1938 y 1940 por el arquitecto Mario Buschiazzo.
Ni las ventanas, ni el portón, ni la fachada, ni la torre, ni el reloj son los originales de los días de mayo de 1810. Pero la réplica, reproduce fielmente el edificio colonial original.